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Las otras facetas de un geólogo platense

Cuando no tenía aún 30 años el Conicet lo designó para ocupar un puesto técnico en Corrientes. En su carrera estuvo a cargo de la dirección del Centro de Ecología Aplicada del Litoral (Cecoal), y fue docente titular en la Cátedra de Geología de la Facena, e integró la Comisión Asesora en Ciencias de la Tierra, del Agua y de la Atmósfera.


OSCAR ORFEO DOCENTE DE LA UNNE - INVESTIGADOR CONICET

«Tengo pensados los oficios que ejerceré en mis próximas vidas: cocinero de barco, en la siguiente horticultor y en la otra fotógrafo”. Es la confesión de este geólogo platense de sesenta y pico de años, que desechó el camino de las ciencias duras y optó por las ciencias naturales con más dudas que certezas.

Cuando no tenía aún 30 años el Conicet lo designó para ocupar un puesto técnico en un destino para nada atrapante, Corrientes. En el último año de la década del 70 llegó a una ciudad con personas afables, pero no muy predispuestas a integrar al de afuera. La presunción de que sería difícil se convertía en realidad, pero poco a poco y sin darse cuenta, ese destino en un principio inhóspito se transformó para Oscar Orfeo “en su lugar en el mundo y al que no lo dejaría por ningún motivo”.
Junto a su esposa misionera, sus cinco hijos y nietos, terminó de moldear su hogar familiar en una ciudad caracterizada por un calor infernal e insoportable y a la que llegó con sólo dos valijas como toda posesión material.

Descendiente de familias italianas y francesas, creció en un ambiente dónde el arte y las letras tenían un lugar destacado. A pesar de esta inclinación manifiesta, no se transformó en una opción al momento de elegir una formación universitaria. En consecuencia, la Geología a la que iba descubriendo paso a paso, se convirtió en una carrera que la sufrió al punto de calificarse como un alumno regular.

El sufrimiento al que hace mención el doctor Orfeo guarda relación con la pérdida de libertad para poder llevar a cabo distintos aspectos que disfrutaba con placer. Es por eso que ahora, cuando está próxima la instancia de acogerse a los beneficios de la jubilación, siente felicidad por recuperar “tiempo”.

Su obsesión por el trabajo lo llevó a obtener de manera progresiva y sin buscarlo la dirección del Centro de Ecología Aplicada del Litoral (Cecoal) y ser docente titular en la Cátedra de Geología de la Facena. Integró la Comisión Asesora en Ciencias de la Tierra, del Agua y de la Atmósfera del Conicet y el Consejo Directivo de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales (Unne), con funciones de Decano en casos especiales.
“No busqué nada, miro para atrás y las veo como responsabilidades que asumí como parte del compromiso con el trabajo”, dijo.

Hombre de gustos sencillos, amante de la literatura y el tango, va experimentando de a poco cómo cubrir ese tiempo que dispondrá próximamente. No le gusta “amucharse”, ni el gentío. Antes que eso, prefiere estar en su cocina preparando el pastel de papas gourmet con la receta de su abuela, esa que a la carne le agrega pasas de uva y aceitunas, junto al toque distintivo de la canela y azúcar al puré de papas.
Ese mismo cuidado en cada detalle al preparar un plato, es el que pone al forjar una amistad. De pocos amigos, algunos más cerca en distancia que otros, se sostiene en ellos para seguir creciendo. “Planteamos siempre la necesidad de un intercambio real, productivo y enriquecedor, para no quedar expuestos en charlas vagas y sin sentido”.
Precisamente por eso Orfeo da valor al encuentro personal y al diálogo frontal, desechando las redes de comunicación actuales. Sólo utiliza el Instagram donde comparte la producción de otro de sus hobbies, la fotografía. Pero como defensor de su privacidad, no entiende la utilización y el protagonismo que tomó Facebook en la sociedad.

Su posición con respecto a este tema se basa en el argumento del filósofo Guy Debord sobre lo que llamó la “sociedad del espectáculo”, en referencia a la influencia que tienen los medios de comunicación en la sociedad moderna. Para Orfeo ya no hay privacidad con esa red social: “el parecer por el ser de forma cada vez más extensa, impera en nuestra forma de comunicarnos. No estoy dispuesto a formar parte de ese círculo”, sostiene.

La vida de su padre, descendiente de italianos -Orfeo Spaventa- lo marcó y fue motivo de análisis. El hecho de que su progenitor tuviera que salir a trabajar a temprana edad sin que pudiera completar sus estudios, lo llevó inconscientemente a descalificar los logros universitarios siendo él un universitario más. Con el tiempo, tras “rumiar” el tema, comprendió el mecanismo de defensa alrededor de la figura paterna y ubicó conceptualmente su punto de vista de esta manera “los títulos universitarios no son nobiliarios, pero indudablemente tienen el enorme mérito de ser el resultado del trabajo, constancia, dedicación, además del esfuerzo personal y familiar”.

A casi 40 años de haber llegado a Corrientes, Orfeo se presta al juego de adelantar una vida y se le plantea la posibilidad de optar por viajar a una ciudad del nordeste argentino ó subirse a la cocina de un barco mercante… la respuesta tarda en llegar. En realidad no hubo una, es que escudándose en el juego propuesto, convivieron por un momento un cocinero mercante y un geólogo con destino al norte.

Juan Monzón Gramajo /Colaboración.

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